La Medalla Cátedra Ingmar Bergman reconoce a quienes se han destacado por su entrega y generosidad en el cine y el teatro en nuestro país.
Protagonista de la historia, humorosa comentarista de la escena, compañera invaluable, Ana Ofelia Murguía es un tesoro viviente. La espera fue tan insoportable como necesaria. Habíamos estado esperando este día desde hace más de un año. Soñábamos con él. Imagínense tener el privilegio de celebrar a estas mujeres ejemplares y no saber ni cuándo ni cómo ese festejo sería posible.
Lo que ocurrirá esta tarde es un hecho inédito. Por primera vez, la entrega de la Medalla Cátedra Ingmar Bergman se realiza en cadena nacional, en un programa especial en vivo, con la complicidad invaluable de TV UNAM y el apoyo de diversas instituciones que, sin pensarlo dos veces, compartieron su acervo para unirse al festejo de tan extraordinarias actrices.
Si bien no podríamos pedir mejor escenario para este homenaje, hay que decirlo, les extrañamos. A ustedes, nuestros públicos. Las medidas sanitarias no nos permiten tenerles aquí, pero sabemos que del otro lado de la pantalla, hay miles de personas que admiran, celebran y quieren a Diana Bracho y Luisa Huertas tanto como nosotros.
Y es que en esta ocasión pensar en los públicos es inevitable, porque si hay algo que distingue al oficio de la actuación es que se completa con el otro. Una actriz requiere de la mirada, ya sea de la cámara o de un par de ojos expectantes, para llevar a cabo ese acto de magia que es convertirse en alguien más.
Tanto Luisa Huertas como Diana Bracho han convertido a la actuación en el motor de sus vidas. Ambas han entregado cuerpo y alma a una práctica artística que busca producir verdad a partir de la ficción. Tienen una creencia absoluta en ese pacto que hacemos cuando asistimos al teatro o vemos una película, en ese acto sublime donde jugando nos reconocemos como especie, imaginamos lo que podríamos ser y ensayamos otras posibilidades.
¿Qué se requiere para convertirse en referente del oficio que se lleva a cabo? Porque hoy en día, en este país, nuestras galardonadas son sinónimo de la actuación. Sus trayectorias, tan perdurables como delirantes, contienen algunos de los filmes, las obras de teatro y los programas de televisión más icónicos de nuestra historia.
Esa noche se escuchó en voz de sus colegas, de sus amistades y de las y los alumnos de nuestra universidad, algunos de los motivos que hacen de la entrega de esta medalla un orgullo para la UNAM. Pero habrá que empezar por el principio: toda vocación implica un origen y en este caso, los puntos de partida, aunque divergentes, terminaron por encaminarlas hacia un mismo destino, aquel donde han sido capaces de vivir muchas vidas, tantas como los personajes que han interpretado.